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3-oct.-sábado de la 26.ª semana del T. O.

No debemos gloriarnos como si fuésemos nosotros los protagonistas: el protagonista es uno solo, ¡es el Señor! Protagonista es la gracia del Señor.

Nuestro primer sábado de mes, enmarcado en un radiante amanecer, es motivo para alegrar el corazón y mirar con ojos de fe lo que nos regalarás. Te pedimos en este fin de semana que nos concedas el don del descanso para vivir unidos a ti. 

En la reflexión de tu palabra nos damos cuenta de que a veces somos débiles y seguimos pidiendo signos que no tienen sentido. El verdadero signo eres tú, que nos vas mostrando el camino perfecto para llegar al Padre celestial. No queremos signos que se vuelven inoficiosos cuando no comprendemos lo que es amar y servir; ser solidarios y fraternos. Estos son los signos que tú quieres que llevemos hacia los demás para que amando y sirviendo creamos y esperemos en ti. Bendícenos guárdenos y protégenos en tu amor y en tu bondad. Nuestro fin de semana sea compartido y vivido en familia y generosidad. Los abrazo y los bendigo.

Palabra del Papa

Dice el Evangelio que estos setenta y dos regresaron de su misión llenos de alegría, porque habían experimentado el poder del Nombre de Cristo contra el mal. Jesús lo confirma: a estos discípulos Él les da la fuerza para vencer al maligno. Pero agrega: «No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están escritos en el cielo». No debemos gloriarnos como si fuésemos nosotros los protagonistas: el protagonista es uno solo, ¡es el Señor! Protagonista es la gracia del Señor. Él es el único protagonista. Nuestra alegría es sólo esta: ser sus discípulos, sus amigos. Que la Virgen nos ayude a ser buenos obreros del Evangelio (papa Francisco, 7 de julio de 2013).

 

Nuestra alegría es sólo esta: ser sus discípulos, sus amigos.
ORACIÓN 

Hoy, Señor, vengo contento a la oración porque así me lo pides Tú. Quieres que participe de la alegría de aquellos setenta y dos discípulos que se llenaron de gozo en su misión. Yo también quisiera encontrar mi gozo en mi trabajo apostólico, haciendo siempre lo que a Ti te gusta, lo que a Ti más te agrada. Amén- 

Reflexión 

“La alegría más grande”. Hay una sana alegría, la que procede de la propia misión, la de hacer el bien, la de constatar que el mal no triunfa y que los enemigos de Dios no tienen la última palabra. Eso les pasó a los discípulos de Jesús. Pero Jesús alude a otra alegría más profunda: la de saber que nuestros nombres están escritos en el cielo. La alegría de este mundo puede estar mezclada de egoísmo, de autocomplacencia, de orgullo personal. Jesús nos invita a elevar nuestra mirada al cielo donde están escritos no nuestros trabajos, nuestros méritos, sino nuestros nombres. El que tiene escritos nuestros nombres en el cielo es nuestro Padre Dios. Ese Padre que se revela a los pequeños y sencillos, a los que se dejan querer, a los que se sienten felices porque Dios es su Padre y saben que Él disfruta con sus hijos pequeños. La obsesión de Jesús era complacer a su Padre, hacer lo que a Él le gustaba, tenerlo siempre contento. No puede haber alegría mayor que el obrar con la única finalidad de ver disfrutar al Padre Dios.

Gracias, Jesús, porque, así como el cielo envuelve la tierra, así tu amor me circunda y acompaña a donde quiera que vaya. «En Ti vivimos, nos movemos y existimos» (Hechos 17, 28). ¡Qué vida tan plena, tan inefable, tan maravillosa!

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.