Alegre despertar el que nos regalas, para darte gracias por todo tu cariño y generosidad al regalarnos un día más de vida para servirte y amarte en nuestros hermanos. Gracias por la ayuda que nos regalas en nuestros Santos Ángeles Custodios. Sabemos que Tú nos proteges, nos envías ángeles para guiarnos, pero eres tú el verdadero guía que nos llevas con tu Espíritu para elaborar y desarrollar nuestro proyecto de vida. Ayúdanos para que nosotros, seamos también ángeles guardianes y guías para nuestros hermanos en el camino hacia a Ti.
Al celebrar hoy a los Ángeles Custodios, profesamos nuestra fe profunda en tu protección y auxilio siempre presente.
Que nuestro ángel custodio sea en nosotros la voz que nos prevenga contra el mal que podamos hacer y nos impulse a ser humildes, sencillos y hacer el bien y así permanecer en tu amor. Que este mismo ángel nos recuerde que tú nos conoces y nos amas a cada uno de nosotros. Que nuestros Ángeles Custodios nos cuiden para que los pasos que damos sean seguros y estén acompañados por tu presencia. Nuestro amor y servicio sean motivo suficiente para alegrarte y confiar en nuestro ángel guardián. No olvidemos la oración que aprendimos desde niños: «Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares, ni de noche ni de día, no me dejes solo, que me perdería, hasta que me pongas, en paz y alegría, con todos los santos, Jesús y María, te doy el corazón y el alma mía, que son más tuyos que míos». Amén.
Un muy feliz y generoso viernes, bendecidos y protegidos por nuestros Ángeles Custodios y en tu presencia.
Palabra del Papa
En el Reino de Cristo, ser grande es ser pequeño.
Una canción dice: “¿Qué tendrá lo pequeño, que a Dios tanto le agrada?” Cristo nos enseña en este Evangelio que ser pequeño significa volver a ser niño. Implica un cambio, recuperar cada día aquel tesoro que se va desgastando con los años… Un niño tiene las manos pequeñas. Todo le queda grande, todo le sobrepasa, en todas las sillas sus pies quedan colgando. Pero es feliz, aunque no tenga el control de todo. Más aún: su felicidad consiste en que no quiere controlarlo todo. El niño vive para recibir, para descubrir, para sorprenderse. La grandeza de un niño no está en su poder sobre cosas y personas; más bien él es libre de este deseo de gobernar su mundo. Y así como él encuentra su seguridad en papá y mamá, cada uno de nosotros cuenta con un Padre maravilloso, quien de verdad lo gobierna todo para nuestro bien. Cuando sentimos que nuestras manos son pequeñas, que no podemos agarrarlo todo y dirigir las circunstancias… ésta es la oportunidad para ser niños de nuevo, poniendo nuestra confianza en Dios. (Homilía de S.S. Francisco, 4 de octubre de 2015).
