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2-oct.-viernes de la 26.ª semana del T. O.

Cuando sentimos que nuestras manos son pequeñas, que no podemos agarrarlo todo y dirigir las circunstancias… ésta es la oportunidad para ser niños de nuevo

Alegre despertar el que nos regalas, para darte gracias por todo tu cariño y generosidad al regalarnos un día más de vida para servirte y amarte en nuestros hermanos. Gracias por la ayuda que nos regalas en nuestros Santos Ángeles Custodios. Sabemos que Tú nos proteges, nos envías ángeles para guiarnos, pero eres tú el verdadero guía que nos llevas con tu Espíritu para elaborar y desarrollar nuestro proyecto de vida. Ayúdanos para que nosotros, seamos también ángeles guardianes y guías para nuestros hermanos en el camino hacia a Ti.

Al celebrar hoy a los Ángeles Custodios, profesamos nuestra fe profunda en tu protección y auxilio siempre presente.

Que nuestro ángel custodio sea en nosotros la voz que nos prevenga contra el mal que podamos hacer y nos impulse a ser humildes, sencillos y hacer el bien y así permanecer en tu amor. Que este mismo ángel nos recuerde que tú nos conoces y nos amas a cada uno de nosotros. Que nuestros Ángeles Custodios nos cuiden para que los pasos que damos sean seguros y estén acompañados por tu presencia. Nuestro amor y servicio sean motivo suficiente para alegrarte y confiar en nuestro ángel guardián. No olvidemos la oración que aprendimos desde niños: «Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares, ni de noche ni de día, no me dejes solo, que me perdería, hasta que me pongas, en paz y alegría, con todos los santos, Jesús y María, te doy el corazón y el alma mía, que son más tuyos que míos». Amén.

Un muy feliz y generoso viernes, bendecidos y protegidos por nuestros Ángeles Custodios y en tu presencia. 

Palabra del Papa

En el Reino de Cristo, ser grande es ser pequeño.

Una canción dice: “¿Qué tendrá lo pequeño, que a Dios tanto le agrada?” Cristo nos enseña en este Evangelio que ser pequeño significa volver a ser niño. Implica un cambio, recuperar cada día aquel tesoro que se va desgastando con los años… Un niño tiene las manos pequeñas. Todo le queda grande, todo le sobrepasa, en todas las sillas sus pies quedan colgando. Pero es feliz, aunque no tenga el control de todo. Más aún: su felicidad consiste en que no quiere controlarlo todo. El niño vive para recibir, para descubrir, para sorprenderse. La grandeza de un niño no está en su poder sobre cosas y personas; más bien él es libre de este deseo de gobernar su mundo. Y así como él encuentra su seguridad en papá y mamá, cada uno de nosotros cuenta con un Padre maravilloso, quien de verdad lo gobierna todo para nuestro bien. Cuando sentimos que nuestras manos son pequeñas, que no podemos agarrarlo todo y dirigir las circunstancias… ésta es la oportunidad para ser niños de nuevo, poniendo nuestra confianza en Dios. (Homilía de S.S. Francisco, 4 de octubre de 2015).

¿Qué tendrá lo pequeño, que a Dios tanto le agrada?
ORACIÓN 

Señor, muchas veces complico mi vida buscando grandezas pasajeras, aferrándome a mis propias ideas. Te pido perdón por dudar de tu compañía. Quiero abrazar la pequeñez que me pides, reconociendo mi total necesidad de tu auxilio. Permite que sienta la protección de tus ángeles en mis momentos de mayor vulnerabilidad y que pueda caminar con la seguridad de quien se sabe inmensamente amado y cuidado desde el cielo. Amén.

Reflexión

En el capítulo 18, San Mateo nos propone algunos elementos esenciales de una comunidad cristiana. Y, lo primero para él es “hacerse niño”.   El niño se deja querer. De sus padres, de sus hermanos, de su familia y de todo el mundo. Dejarse querer, dejarse obsequiar, dejarse regalar por un Dios “Abbá” es lo más importante en nuestra vida cristiana. En el cristianismo ni siquiera el amar es lo primero, sino el dejarse amar. “En esto consiste el amor: en que Él nos amó primero” (1Jn 4,10). El niño tiene capacidad de “sorpresa”. Va aprendiendo cada día y, ante todo lo que le supone una novedad, abre unos ojos como platos. Dios es “Misterio” y ante Él debemos caminar de “gracia en gracia” “de sorpresa en sorpresa”. El niño “no tiene “pasado” y por lo tanto “no tiene prejuicios” de la gente. Él cree que todos son sus “tatos” sus familiares. Y, sobre todo, el niño tiene una vida por delante. Lo suyo es “crecer” sin que haya nada que le detenga. En el mundo del espíritu hay que estar creciendo cada día. No cabe detenerse. Para entrar en el reino de los cielos, “hay que hacerse niño”.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.